17 de octubre de 2011

Idea Suelta: Cuando recuperas un tesoro perdido

Corría el año de 1993. Cursaba el último año de secundaria. A esas alturas, ya era muy fan de las tarjetas de superhéroes coleccionables —que después me llevarían a ser comprador asiduo de cómics—. La primera serie que coleccioné fue la Marvel Universe II, la cual apareció en 1991. A partir de ella, adquirí prácticamente todas las tarjetas de Marvel que llegaron al mercado en los 4 años posteriores. En 1993, las tarjetas del universo Marvel ya iban en su cuarta serie. El sobre contenía 10 tarjetas y si la memoria no me falla, cada sobre costaba 7 nuevos pesos.

Durante el último año de secundaria, teníamos como costumbre ir los sábados muy temprano a jugar basketball a unas canchas que estaban más o menos cerca de la escuela. Dedicábamos una hora o tal vez hora y media a algunos partidos y al final, rematábamos con tiros de fantasía imposibles. Sí, era imposible que entraran en las posiciones desde donde los tirábamos. Al finalizar, acudíamos a un tianguis cercano para saciar la sed con aguas gaseosas de sabores. Para quien tuviera la duda y viva en el DF, me refiero al tianguis del Colegio Partenón. Como sea, el caso es que mientras bebíamos nuestras religiosas gaseosas, curioseábamos por el lugar en busca de alguna cháchara para comprar.

Un sábado de 1993, justo después de comprar nuestras aguas gaseosas llegamos a un puesto que vendía juguetes y sí, adivinaron... paquetes de tarjetas Marvel. Tenían 4 sobres de la serie IV, la cual coleccionaba en ese momento. Después de comprar las bebidas y unas papás fritas de cazuela, sólo tenía dinero suficiente para comprar UN paquete y regresar a casa. Entonces, elegí el tercero del grupito, pagué y comenzamos a caminar para seguir nuestro recorrido.

"Ya, ya, no, ya, ya, no, mmhmm no, ya... ¡¡¡NO MAMEEEEEEEEEEEEEEEN!!!".

No llegué a la décima tarjeta. La razón: la novena tarjeta era una Ultra Especial. Comencé a correr por todo el pasillo del tianguis, saltando y gritando "YES! YES! YES!". Mis amigos, estoicos, veían mi ridículo y bebían su gaseosa.

Cada serie cuenta con tarjetas 'Especiales', que se producen en cantidades muy limitadas para elevar su rareza y, por supuesto su precio. Las tres primeras series Marvel Universe contaron con un grupo de tarjetas holográficas. Eran difíciles de conseguir, pero de vez en cuando, una te llegaba a salir en un paquete o las veías listas para comprar en las tiendas de cómics. Para la serie IV, las tarjetas 'Especiales' fueron reemplazadas por 9 tarjetas con acabado metálico en las cuales aparecían los personajes principales del entonces recién formado Universe 2099. Se veían bien, pero no se comparaban con los hologramas vistos en las series anteriores.

Marvel decidió inventar un nuevo Santo Grial entre los coleccionistas de tarjetas. En la serie IV incluyó UN holograma, además de las tarjetas especiales antes mencionadas. El holograma era justo el que aparece en la imagen: el H–IV Spider–Man vs. Venom.

¿Qué tan especial era? Bueno, en cada caja cerrada, venían 36 paquetes con 10 tarjetas cada uno, es decir, 360 tarjetas. En cada caja, venían cerca de 6 tarjetas 2099, lo que se traduce en una por cada 6 paquetes. Las probabilidades de conseguir uno eran 1 entre cada 60 tarjetas.

El H–IV se incluía en una de cada 5 cajas. Esto significa que en 1 de cada 180 paquetes estaba el Grial. Las probabilidades de conseguirla era de 1 entre 1,800.

Yo sabía que la tarjeta existía porque venía marcada en el Checklist de la serie, pero nunca había visto una. De hecho, en ese entonces, la tienda Comics S.A. ofrecía UNA caja cerrada de tarjetas a cambio del famoso holograma. Cada caja costaba alrededor de 250 nuevos pesos. Hasta antes de la gran devaluación del peso —que ocurriría un año después—, era posible comprar el videojuego más nuevo para Sega Genesis o SNES (como Mortal Kombat II, por ejemplo) con 180 nuevos pesos. La caja entonces era más costosa que eso.

Esa tarjeta se convirtió en una de mis posesiones más preciadas. Solía llevarla a todos lados, en parte, porque pocos me creían cuando contaba la historia de cómo la conseguí y lo rara que era. Cuando intercambiaba tarjetas en el puesto ambulante afuera de Plaza Universidad, en no menos de 15 ocasiones me ofrecieron desde dinero, hasta videojuegos. ¡Ah! El tipo del puesto me ofreció un Walkman. Obvio no acepté. Era muy valiosa para mi

En 1995, ya cursaba la Preparatoria. Después de la devaluación de 1994, ya no compraba tantos cómics o tarjetas como solía hacerlo. De hecho, prácticamente había detenido ya mi afición. La beca que recibía entonces por parte de mis padres, apenas me alcanzaba para uno que otro videojuego cada dos o tres meses. Y también estaban las salidas obligadas con los amigos.

Ese año, la situación en casa se complicó mucho. Como muchas familias, atravesamos problemas económicos graves. Ante la falta de dinero para adquirir libros y pagar la colegiatura de la escuela, me vi en la necesidad de vender muchas de las cosas relacionadas con mi afición por los cómics. Un triste día de 1995, acudí a una tienda de coleccionables cerca del Metro Etiopía en donde, según el rumor, pagaban bien los artículos. Fue entonces que, con todo el dolor del mundo, vendí mi preciado holograma.

Recibí 400 pesos por él...

(Violines.mp3)

Nunca intenté recuperarlo. La tienda cerró al año siguiente y yo, pues entré a la Universidad y me ocupé de otras cosas.

Hace un par de semanas, mientras buscaba cualquier tontería en Internet, recordé el famoso holograma. Me causó curiosidad saber cual sería su valor actual. Entré a Mercado Libre y había como 4 vendedores que lo tenían. Y sonreí.

"¿Por qué no?".

Un viernes acudí a la cita con el vendedor y al verlo, recordé todo lo que comenté en los párrafos anteriores: la suerte de obtenerlo, lo mucho que me emocionó y la tristeza por perderlo. En su momento, lo sacrifiqué para conseguir el dinero necesario para pagar cosas importantes para mi educación. Recuerdo que vendí muchos cómics y tarjetas, colecciones completas, ediciones especiales. Pero nada me dolió tanto como el H–IV.

Comprarlo, 16 años después de perderlo, me costó 500 pesos.



En este breve video que grabé se puede ver lo increíblemente bien hecho que está el holograma. Puedo decir sin mentir que es el mejor holograma que he visto en toda mi vida. Es genial y lo que se ve a simple vista lo demuestra. De eso no hay duda.

Mentiría al decir algo como "aprendí la valiosa lección de no perder tus posesiones valiosas" o "me volví más desapegado de mis bienes materiales". Honestamente, creo que lo que aprendí fue muy ambiguo. Sé que ningún objeto es irrecuperable, pero también me queda claro que las cosas materiales siempre son valiosas por el costo sentimental que despositamos en ellas.

Nunca sabré quien se quedó con mi tarjeta original. Si la vendió o la guardó para regalársela a sus hijos. Si alguien la intercambió por algún objeto que siempre había soñado tener. Si era la pieza que le faltaba a alguien para completar su colección de tarjetas favorita. Creo que lo más seguro es que esa tarjeta ahora, debe tener como una docena de historias que giran a su alrededor.

La que compré hace un par de semanas ahora tiene las mías.

3 comentarios:

Sutasukurimu dijo...

Decir que este post me ha gustado es poco, decir que me sentí identificado sería falsear una verdad más profunda, ese tipo de sentimientos comunes que uno elije, la mayoría de las veces, callar para no incurrir en entusiasmos que ya escritos suenan a guión de adolescente.

Pero la verdad es que no podía quedarme en silencio. No me voy a extender contando mi propia historia, sólo le comparto que yo tuve que vender mis cómics de Marvel vs DC y mi estimadísima colección de tarjetas de Psylocke, quizás eran unas 18 tarjetas en total, algunas rarezas medianas que uno llega a juntar a fuerza de júbilo y monedas sueltas en el fondo del pantalón.

Ya siendo grande uno no es problema pagar lo que cueste estas piezas perdidas, sólo queda lo satisfactorio, esa especie de paz en el reencuentro bien dado.

Jose Alberto Solis Mora dijo...

Hola casualidad o no hoy después de 20 años de búsqueda por fin tengo en mis manos ese h iv q como tu ahora también atesoro, de hecho es una edición rara por decirlo con error de impresión, q recuerdos volvieron al leer tu blog, saludos

Jose Alberto Solis Mora dijo...

Hola casualidad o no hoy después de 20 años de búsqueda por fin tengo en mis manos ese h iv q como tu ahora también atesoro, de hecho es una edición rara por decirlo con error de impresión, q recuerdos volvieron al leer tu blog, saludos