28 de noviembre de 2016

Idea Suelta: Igual y no lo sabían, pero también colecciono Rubiks

Llevo tiempo haciéndolo ya, unos 8 o 9 años más o menos. No tuve muchos cubos Rubik durante mi infancia, de hecho sólo recuerdo haber tenido dos: uno ya estaba en casa cuando llegué y el otro fue el regalo de algún pariente en mi cumpleaños. También recuerdo que teníamos un libro en donde se explicaban, con diagramas en blanco y negro, la lógica y los trucos para resolverlo. A pesar de ello, mi mayor logro a la edad de 5 o 6 años fue completar sólo 3 lados, sin trucos. Claro, también recuerdo cuando le quité las etiquetas de colores a uno de ellos para pegarlas en orden e intentar memorizar un patrón en reversa para revolverlo y completarlo de nuevo. Era joven e inocente.

Después de la tremenda popularidad que tuvieron durante la década de 1980, el Rubik y toda su moda quedaron olvidados con aquella década. Sí, sé que en realidad nunca desapareció, pues además de competencias internacionales anuales, el fandom de este objeto continuó enriqueciendo la experiencia con formas distintas de completarlo. Con el tiempo llegaron nuevas técnicas, tamaños y dificultades. Esto lo vi de lejos, pues mi interés estaba, como suele suceder en estas historias, fijo en otras cosas.

Hace como 8 o 9 años, decidí comprar un nuevo Rubik, esto con la finalidad de probar un nuevo algoritmo que vi publicado en un sitio de Internet. Todo se dio por el “descubrimiento” del número de Dios, mejor conocido como la cantidad máxima de movimientos para completar cualquiera de las cuarenta mil trillocientas y chorrocientas configuraciones posibles del cubo básico 3 x 3 (ese número es 20, btw). Incorporé ese algoritmo a mi viejo y oxidado método para resolverlo y, como se imaginarán, eso reactivó mi fanatismo por el objeto. De aquellos casi 40 minutos que tardé la primera vez en completarlo, pasé a 15 minutos, para después comenzar un paulatino descenso hasta el territorio de los dos minutos. Gracias a esa fiebre reactivada, comencé a leer más y, de paso, convertí en fanático a mi hermano también. Competíamos seguido.

Además de armarlo, comencé a adquirir poco a poco Rubiks que llamaban mi atención o aquellos que me gustaban cuando los veía en las vitrinas de las tiendas. Todos esos que me intrigaron los incorporé a una naciente colección que surgió así, por puro impulso. Mi fanatismo (y un poco mi obsesión) me llevó a recortarle decenas de segundos a mi marca, hasta instalarme en la zona del minuto. ¿Mi mejor marca? 49 segundos. Mi hermano se volvió mucho mejor que yo, logrando en ocasiones la mitad de eso.

Verán, este pasatiempo me ha brindado muchísimos buenos momentos; desde las competencias con mi hermano, hasta la expectativa de encontrar ese cubo que había estado buscando durante tanto tiempo, pasando por aprender todas la minucias acerca de cómo ajustarlo para convertirlo en un cubo competitivo para reducir mi marca. A medida que me adentré en el vicio, tuve contacto con personas que compartían mi afición. Muchas de ellas ya tenían tiempo siendo adictas al Rubik, otras llegaron a mi camino gracias a Internet, por el vínculo establecido a través de blogs y demás.

Al principio, todo era muy emocionante. Ya saben, conocer a gente con tus mismas aficiones siempre es motivo de inquietud. Comencé a compartir datos, opiniones y lo que se me ocurriera que tuviera relación con los Rubik. Había discusiones y puntos de vista, pero siempre en ambiente de camaradería con todos aquellos fanáticos coleccionistas que conocí en un inicio. Más adelante, hubo un resurgimiento Rubik generalizado. El interés aumentó y, en un parpadeo, todo el mundo era fan; encontrabas Rubiks por doquier. Lejos de disminuir mi fanatismo, esto aumentó mi curiosidad.

En paralelo, mi colección comenzó a crecer. Busqué cubos raros, inusuales, pero siempre dentro del formato 3 x 3, que es el único que he podido completar. Pero el mercado desató una oleada de variedades demasiado grande hasta para el bolsillo más nutrido. Tomen en cuenta que no es mi única afición y por ello, me modero a la hora de adquirirlos.

Así, decidí incorporarme a comunidades que compartían mi gusto por el colorido cubo. En un inicio, encontré a más sujetos que compartían mi gusto Rubik. Algunos eran mucho más intensos y expertos que yo, otros deseaban conocer más cosas acerca del cubo. Ahí ya existían grupos longevos que habían estado en esto desde que el objeto apareció. Muchos eran de gran ayuda al compartir información valiosa, otros tantos sólo opinaban. Y mi colección y fanatismo por estos cubos crecía de manera exponencial. Mi colección ya era algo importante, muy distinto a lo que tenía cuando inicié.

De pronto, el ambiente comenzó a cambiar. El Rubik dejó de ser importante para darle paso en relevancia a lo que la gente tenía que decir acerca de él. Ya no importaba si salía un nuevo modelo que fuera o no fiel a las raíces o si tenía un sistema de giro más complejo. No, ahora lo importante era ser el primero en tenerlo y opinar, con o sin fundamentos, pero opinar. El discurso se volvió más importante que el objeto y pronto, el fandom comenzó a segmentarse. Había quienes estaban convencidos de que lo realmente importante era el cubo, mientras que otros se empeñaban en evangelizar acerca de cómo su manera de ver el cubo era la única que en realidad valía la pena. Unos más se alejaban porque perdieron el interés. Otros más arrogantes, querían dictar cómo deberían ser las cosas.

Primero, opté por no tomar partido, pero el mismo entorno te obliga a ello. Así que decidí alejarme y seguir por mi cuenta con mi afición. Amigos extranjeros compartían cómo las comunidades Rubik de sus países eran núcleos homogéneos bien organizados que, incluso, recibían el apoyo de la compañía fabricante del Rubik original. Participaban en expos, festivales y eventos especiales. Era motivo de envidia, claro. Mientras tanto aquí, la gente se quejaba de los precios, se enfurecía porque alguien tenía un cubo que nadie más tenía o, créanlo o no, hacían berrinche porque alguien decidía contar cuántos cubos había en su colección.

La división entre fanáticos del Rubik era demasiado evidente. Las comunidades en esos momentos dejaron de ser el lugar interesante que fueron al principio para convertirse en podios de autoelogio en donde quien gritara más fuerte, tenía la palabra. Dejaron de ser un lugar de visita obligada para el fanático naciente y se convirtieron en nidos de discusiones sin sentido y mala vibra en general.

Pero, al igual que a muchos fanáticos coleccionistas, esto no impidió que mi afición continuara. Muchos optamos por seguir en nuestro propio camino, alejados del barullo de las hordas de fans interesadas en las modas. Así es, además de los problemas con el fandom dividido, también había "clases" de coleccionistas; mientras que algunos eran fanáticos de los productos originales, otros lo eran de los modelos chinos o de las piezas de diseñador o de las formas inusuales. El problema no era que hubiera variedad, el asunto es que parecía que, al tener cierta preferencia por un tipo de Rubik, le declarabas la guerra al resto de las divisiones. A esto súmenle a los coleccionistas por tamaños 4 x 4, 5 x 5 o 16 x 16 quienes también imponían su gusto como verdad absoluta. Imaginen lo complicado del asunto para coleccionistas como yo, quienes disfrutan de todos los tipos de Rubik.

No faltaron, en varios momentos, esfuerzos para unir a todas las divisiones bajo un mismo manto, facción o símbolo. ¿Con qué finalidad? Muchos creían que al hacerlo, los fabricantes de Rubik traerían a nuestro país modelos que sólo eran vendidos en países de primer mundo. Otros creían que esto ayudaría a formar una comunidad sólida para tener una participación importante en eventos de coleccionistas. La realidad es que cada vez que algún individuo pretendía "unificar" al fandom, el final no era el esperado.

Por lo que me ha tocado experimentar, el fanatismo Rubik por aquí es muy distinto a lo que sucede en otros países latinoamericanos. ¿Por qué? Falta de madurez, creo. Es muy común toparse con coleccionistas que se sienten superiores por llevar "muchos años coleccionando", por tener "Rubiks que nadie más tiene" o porque "su colección rebasa el millar de cubos". Gente que se toma demasiado en serio su papel como "fanático" de un cubo plástico de colores. Tal vez los fans por aquí olvidan que el respeto no te lo da tu colección o el dinero que hayas invertido en ella, sino la actitud hacia tus colegas de hobby. Soy partidario de que el respeto se gana, no viene incluido con ningún modelo Rubik, sin importar lo caro o raro que éste sea.

El pasatiempo debe ser, antes que cualquier otra cosa, divertido. Y deja de serlo cada vez que alguien intenta fijar su postura como única. Hay tantas maneras de coleccionar Rubiks como coleccionistas. Tal vez yo no esté de acuerdo con muchas maneras de demostrar la pasión por los cubos, pero las respeto; nunca trataré de imponer mi manera de coleccionar como la 'correcta' porque, aceptémoslo, no hay tal cosa.

Madurez es lo que le falta a los coleccionistas Rubik en mi país. No a todos, por fortuna. Y no hablo de que este asunto debería ser solemne y tratarse con absoluta seriedad. Para nada. Sólo opino que se necesita madurez para distinguir cuándo y cómo debe comportarse el fandom. Pero es difícil que esto ocurra cuando uno entra a Facebook, por ejemplo, y ve grupos CERRADOS de "Fanáticos Mexicanos del Cubo Rubik". ¿Cerrados? ¿Por qué? ¿La idea no es integrar a la mayor cantidad de gente al hobby? ¿Qué se gana con tener grupitos cerrados? Se gana segmentar al fandom cada vez más y la posibilidad de negar la entrada, por supuesto.

O, cuando te topas con una página llamada "Sólo Expertos Coleccionistas Rubik de México", también cerrada. ¿Quién decide quién es experto o no? ¿El administrador de un grupo de 50 personas? Pareciera como si estos grupos se crearan únicamente para que alguien pueda ponerse la insignia de 'LÍDER' y tener el poder de rechazar o menospreciar al resto por no serlo. ¿Dónde está lo divertido en eso?

¿La peor parte? Ni siquiera puedes intentar pertenecer a varios grupos que llamen tu atención, porque como si fueran pandillas, debes jurar lealtad ciega a una facción. Pobre de aquel que pertenezca a un grupo 'rival' o esté en desacuerdo con el 'líder' autonombrado del grupo. Sí, creo que es madurez lo que hace falta por aquí.

Y entonces, no falla que cada cierto tiempo, surge un grupo nuevo o una división diferente de una facción existente, acompañados de un intento por unir a los grupos separados. Pero lo triste es que pasa eso porque alguien quiere estar arriba del resto. No importan los cubos, ni su historia, ni la técnica o los modelos. No, lo que importa es poder decir: "yo controlo, yo lo pensé antes, yo uní a los grupos, yo administro, yo mando, yo quiero ser el importante, yo quiero ser el jefe". Y como se imaginarán, siempre es más de una persona quien busca lo mismo. Y eso NUNCA termina bien.

A mí me gustan mucho los Rubiks, todas sus variantes. Me gustan los 3 x 3, pero respeto a quienes prefieren los 16 x 16. Me gustan mucho los originales, pero soy fan de los modelos chinos para competencias. Por lo regular, no me entusiasma tunear mis cubos con stickers que se alejen de la paleta original, pero disfruto ver los customs de otros coleccionistas. Me entusiasma mucho coleccionarlos, pero no soy fan de las comunidades, por lo menos no de las que surgen por aquí. Y creo que así será, por lo menos hasta que encuentre una en donde lo más importante sean los cubos y el respeto a todos los fanáticos.

Hoy, tengo 6 cubos en mi colección. Habrá quienes piensen que son muchos, otros que llevan más tiempo en esto, seguro piensan que son pocos. Hay quienes se molestan cuando menciono cuántos Rubiks tengo, pero conozco el número porque siempre es una de las primeras preguntas que me hace la gente cuando se entera que los colecciono —la otra, evidentemente, es cuánto tiempo tardo en completarlo—. Y me gusta mi colección. Pero todavía más importante: para mí, coleccionar Rubiks sigue siendo divertido, Y afortunadamente, ese es el único requisito necesario para continuar con este pasatiempo.

Ahora ya saben más de mi coleccionismo Rubik y un poco más de lo que me ha tocado experimentar con este pasatiempo.

¡Ah! Igual y no lo sabían, pero también colecciono Transformers. Pero esa es una historia bien diferente.