30 de abril de 2015

Idea Suelta: Dakara, el mejor juego de mesa


"Hasta los peores noviazgos dejan algo positivo". Esta es un frase de un hombre muy sabio. Muy alcohólico, pero sabio. Este pedazo de conocimiento siempre viene a mi mente cuando pienso en el tema que estoy a punto de abordar. Y es que la única cosa buena que me dejó una terrible relación con una novia preparatoriana fue justamente el Dakara.

Conocí el juego durante el verano de 1995. Fue en casa de unos parientes de la antes mencionada. Éramos cuatro tipos sin algo mejor que hacer un día durante las vacaciones. "¿Jugamos Dakara?", preguntaron los anfitriones fans del juego. Mi entonces pareja también resultó fanática del asunto. "Te va a encantar, es lo mejor", no paraban de decir. Mi actitud mamona se mostraba escéptica. Para ser honestos, en ese entonces no tenía un "juego de mesa favorito". Había jugado de todo, pero nada que me hiciera otorgar ese título de manera categórica.

5 minutos de juego después, ya estaba enganchado. Tal vez ayudó un poco que el entorno en ese momento era en extremo competitivo. Ellos no perdonaban, mi pareja tampoco y yo, menos. Todos queríamos ganar. Tres horas de juego después, gané. Pero no sólo eso, estuve muy cerca de romper la marca histórica que ellos tenían registrada en la tapa de la caja del juego. Era un hecho: ya era fan del Dakara.

Toda la semana siguiente, le hablé a todo el mundo de aquel juego que acababa de conocer. Poca gente con quien hablaba de él lo conocía y nadie en mis círculos cercanos lo tenía. Era una pena. Muchas veces estuve a punto de comprarlo, pero no lo hice porque en mi escala de prioridades, siempre ganaban los videojuegos, los cómics o las tarjetas coleccionables.

Varios meses después, cuando aquella relación había terminado y me ocupaba de otros asuntos (un viaje a PeriCoapa para adquirir videojuegos, cómics y tarjetas coleccionables), recordé el adictivo juego. Sacrifiqué el dinero que llevaba para mi misión y en el entonces Aurrerá de Miramontes, por fin lo compré. Su precio, 80 y tantos pesos. Tenía descuento y sólo quedaban dos.

Después, se convirtió en un asiduo de reuniones con amigos y tardes con la familia. Mi Dakara estuvo alrededor de 5 años en casa aproximadamente, hasta que un día, se lo presté a un amigo (cuya familia era adicta a ese juego, gracias a mí) y nunca lo devolvió. Nota mental con respaldo en blog: nunca jamás volver a prestar un juego de mesa.

Y ya, esa es la historia. Así pasaron casi 10 años sin pensar de nuevo en el juego de la caja verde. Eso hasta que un día, durante una conversación con Red, salió la pregunta: "¿alguna vez jugaste Dakara?". Y desde el 2010 inició una búsqueda intermitente por conseguir una copia del juego. Búsqueda infructosa, sobra decir. Un dealer de videojuegos (quien también vende juegos de mesa) me colocó en una "lista de espera", en la cual había quiensabecuantaspersonas interesadas. "Ese juego ahora se cotiza muy alto porque ya no se edita", decía una de las justificaciones. Me sonó a "voy a ver quien me ofrece más y se lo vendo". Fue así como aborté la misión

Cuando lo llegué a ubicar muchas veces en Mercado Libre, estaba en estados muy lamentables: tablero roto, incompleto, sin caja o con manchas de comida. Durante cinco largos años, dedicaba mis ratos de búsqueda libres dentro del plástico transformable para intentar recuperar el Dakara. A finales del año pasado, una inusual oleada del juego llegó a eBay. Deadstock, supongo, pues la gran mayoría eran nuevos. El asunto es que muchos vendedores no enviaban a México y muchos otros sólo lo hacían mediante el nefasto Global Shipping Program, el cual carga impuestos aunque el producto no supere la cantidad límite.

A finales de enero, apareció un vendedor que tenía una edición norteamericana NUEVA del juego, al insuperable precio de 50 dólares. Y sí, es la que pueden ver en la imagen abridora de esta entrada. Un esperado regalito que me di con motivo de mi cumpleaños el pasado mes de febrero. ¡Por fin!

Una semana más tarde después de recibirlo, en un tianguis de chácharas...

Ajá, un Dakara, edición mexicana, justo como el que tuve. 95% completo. Pinche timing, ¿no? Entonces...

Ahora tengo DOS Dakaras, en diferentes versiones, cuando hace un par de meses sufrí por tener uno. La suerte y la paciencia del Buda™ aplican para todo, queda claro.

En un inicio, dudé mucho acerca de conservar ambas ediciones. Después de todo, aunque aquella que encontré en el tianguis no estaba completa, sí tenía todo lo suficiente como para jugarlo sin problemas, dejándome un Dakara MIB para vendérselo a algún fanático de culto del juego de mesa. Por otro lado, también podría conservar el nuevo y vender el viejo a una cantidad interesante (más acerca de eso, abajo).

Después pensé, "si vuelvo a perderlo, ¿no sería conveniente conservarlo como backup?". Cuando le daba vueltas a esa idea, llegó una todavía mejor. El juego acepta un límite mínimo de 2 jugadores y uno máximo de 6. Si tengo dos versiones del juego podría elevar el máximo a 12. ¡BOOM! Sólo de imaginar las posibilidades de una sesión así, eliminaron por completo la idea de vender alguno de ellos. Ahora que tenía dos juegos, el potencial de diversión se multiplicó. Eso fue hasta que vi con detenimiento la parte trasera de las cajas, aparentemente similares.

Evidentemente, el idioma es la primera diferencia (esperada) entre las ediciones. En la foto de arriba pueden ver la charola del banco de la versión nacional. Con espacio para las seis denominaciones de billetes, las tarjetas doradas y los pases de abordar, además de un pequeño hueco para las fichas, peones y el dado utilizado en el juego.

Aquí está un acercamiento al equivalente en la edición norteamericana. Ésta incluye un segundo tablero en vez del contenedor de plástico de la edición nacional. Aunque la solución de los gringos fue más elegante para darle su espacio al banco del juego, la solución mexicana resulta más práctica. Pero, además de eso, los observadores ya habrán notado ahora la gran diferencia entre ediciones: la norteamericana tiene dos denominaciones más de billetes. "¿Y? Entre más billetes, más diversión, ¿no?", dirá el distraído. Pues no, esto sólo es señal de una diferencia mucho más radical...

El Dakara mexicano incluye un total de 30 millones en billetes de 6 denominaciones, mientras que el estadounidense incluye sólo 3 millones en 8 denominaciones. Por la época en la cual salió el juego —finales de los 80—, no es extraño pensar que para hacerlo más afín al público objetivo (y ahorrar costos de impresión), quienes compraron la licencia francesa del juego original optaron por un conteo más similar a nuestra moneda de aquel entonces. Y recuerden que se manejaban muchos ceros y cantidades millonarias.

El ejemplo más claro de esta diferencia de capital son los montos en las casilllas, como la de la imagen anterior. La casilla gringa "Cobra 500 y vuela a donde quieras"...


...se convierte en "Cobra 5,000 y vuela a donde quieras" en la mexicana. La proporción en la paga/ganancia de la versión mexicana es de 10 a 1 siempre. Esto de entrada, significa que no será posible utilizar los tableros/tarjetas/dinero de manera indistinta. Tal vez sí es posible utilizar la cantidad de billetes 10 veces superior del Dakara mexicano en la edición gringa (aunque esto representaría un problema para pagar las denominaciones más bajas). Y, definitivamente, utilizar la papelería gringa en la edición nacional no aplica, pues el dinero se terminaría muy rápido. Ya tengo pensadas un par de soluciones para integrar los dos juegos y volverlos una experiencia homogénea.

Y a todo esto, ¿de qué coños trata el Dakara? ¿Cómo es posible que un tablero tan simple, billetes ficticios y un montón de tarjetas resulten en el mejor juego de mesa de la historia? Eso es lo que vuelve al Dakara tan atractivo y adictivo: su simpleza. La premisa es apostar y volverte el jugador con más dinero, mientras visitas exóticos lugares alrededor del mundo. Es como Monopoly (o Turista, para nuestros amigos que sólo ven TV abierta) sin todo lo que vuelve complicado y tedioso al juego.

"Es lo que harían los magnates del Monopoly cuando están de vacaciones", fue la definición con la que alguna vez describí al juego, en el cual la suerte ayuda, pero la probabilidad y estadística te ayudarán a conseguir la victoria. Durante el tiempo que estuvo en casa, logré imponer una marca que superó a aquella cantidad de los anfitriones que me presentaron el juego. Desde entonces, la tradición de marcar con pluma el interior de la caja para actualizar el record, mantenía al juego vivo y, en ocasiones, lo volvimos más interesante al apostar dinero real (en proporciones terrenales, claro) a fin de armar una suma que se llevaría el ganador.

Si tienen la oportunidad de adquirirlo, háganlo. Si conocen a alguien que lo tenga, pídanlo prestado (a mí no, obvio). Ya me contarán si les pareció genial o no. Y si lo van a comprar, no paguen las cantidades exorbitantes que piden en sitios como Mercado Libre. Aquí, regularmente va un extenso "¡Ja ja ja...!" ante el precio demente que piden algunas personas por sus productos. No haré eso esta vez. Pero por si necesitan un parámetro para saber si pagan lo justo, les diré que el Dakara usado, 95% completo, con el tablero en excelente estado, un par de fichas perdidas (reemplazables) y alrededor de 15 billetes faltantes (sustituibles), me costó 200 pesos.

Sí es el mejor juego de mesa que conozco, pero nunca pagaría una cifra de cuatro dígitos por él. Hay niveles de locura, chavos.

Ahora, como ha sucedido con muchas cosas que se mantienen vivas más por las nostalgia que por su valor real, tengo un poco de miedo de jugarlo y que no resulte tan divertido como lo fue cuando era adolescente. Red muere por jugar, en gran medida, por todas las anécdotas que le he platicado acerca de él. Creo que la disposición y el core del juego son lo suficientemente buenos como para resistir y convencer a las generaciones devotas del Beer Pong y Rock Band en las reuniones. Así de bueno es Dakara.

Me encuentro en la búsqueda de cuatro sujetos que quieran divertirse durante un par de horas. Ya les contaré si el juego envejeció bien o no.

Este fue otro regalo que, como comenté, me di en mi pasado cumpleaños. Pero como no tiene nada que ver con Transformers, no entrará en el conteo oficial.

Y para que ésta entrada tenga que ver con Transformers, aquí va la siguiente imagen...

Los dejo para terminar de darle una ordenadita a La Bóveda y disfrutar Age of Ultron en IMAX 3D al rato. A ver cuántas veces termino viendo esta película en cine.

Feliz día del niño que recupera juegos de mesa increíbles de la adolescencia.

(¿?)

:)

1 comentario:

Matías Eduardo Sica dijo...

Se pueden integrar los juegos usando las dos versiones como si fueran dos mercados distintos, la conversión de una moneda a la otra parece simple y lo volvería más interesante que jugarlo con uno.